El 02 de diciembre de 1994 marcó un hito significativo para la comunidad de Alto Hospicio con el inicio de la construcción del Hogar de Ancianos Huerto de Paz, obra impulsada bajo el alero de la Iglesia Metodista de Chile, con el profundo propósito de brindar dignidad, cuidado y acompañamiento a los adultos mayores.
La iniciativa partió desde un dieño original que contemplaba cinco dormitorios, un baño amplio, sala de estar, comedor, cocina y un corredor tipo galería. La ejecución fue liderada en terreno por el maestro Apolinario Zepeda, quien junto a la comunidad dio forma concreta a este sueño solidario.
Previo al inicio formal de la construcción, la Sociedad de Hombres y los Jóvenes de la Iglesia realizaron numerosas jornadas de trabajo voluntario, colaborando en la limpieza del terreno, relleno y diversas labores preparatorias, sembrando desde el comienzo el espíritu de servicio que caracteriza al hogar.

A pesar de no contar con certeza sobre los recursos disponibles, la obra no se detuvo. Domingo tras domingo, la hermana Haydé Zapata y el hermano Orlando Montecinos informaban a la congregación sobre los aportes recibidos. Cada contribución fue una verdadera “gota de esperanza” que permitió seguir avanzando en esta gran obra de amor.
Durante el proceso de construcción, distintos organismos de la Iglesia visitaron el lugar para conocer los avances y acompañar espiritualmente el crecimiento del proyecto.
Finalmente, el 07 de noviembre de 1995, el Hogar abrió oficialmente sus puertas, recibiendo a sus primeras residentes: Carlina Vidal, Adela Molina y Anita Zapata, dando inicio a una nueva etapa de servicio y cuidado para las personas mayores de la comuna.
Actualmente, el Hogar de Ancianos Huerto de Paz, perteneciente a la Iglesia Metodista de Chile, es reconocido como un espacio de atención integral para adultos mayores, con una capacidad de 22 residentes, contando con un equipo multidisciplinario compuesto por enfermera, nutricionista, fonoaudióloga, kinesiólogo, paramédicos, cuidadoras, personal de aseo y lavandería, podóloga, manipuladoras de alimentos y administración.
Cada integrante del equipo entrega lo mejor de sí para ofrecer una atención basada en el respeto, el cariño y la dignidad, procurando que cada residente viva esta etapa con bienestar, acompañamiento humano y esperanza.
El hogar sostiene su labor en valores cristianos como el amor al prójimo, la solidaridad, el servicio y la fe, reflejando el compromiso social permanente de la Iglesia Metodista de Chile con las personas más vulnerables.
